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3 de Noviembre de 2020

La educación emocional (II parte)

La idea del "cociente emocional" fue popularizada por el Psicólogo Daniel Goleman en su libro de 1995 "Inteligencia Emocional" .

La educación emocional (II parte)

La inteligencia emocional está compuesta por cinco macrohabilidades:

1) Autoconocimiento: "saber qué es lo que siento"

2) Auto regulación: "qué hago con lo que siento. Controlar/ canalizar aquello que siento.

3) Auto motivación

4) Empatía: "saber qué sienten los demás"

5) Habilidades sociales

Es decir:

- Aprender a reconocer las emociones en si mismos y en los demás.

- Aprender a reconocer las respuestas físicas y emocionales que tenemos a cada una de nuestras emociones.

- Aprender a expresar verbalmente nuestros sentimientos.

- Aprender a calmarse frente a situaciones abrumadoras.

- Aprender a tratar a los demás con amabilidad y empatía.

¿Cuándo empezar la educación emocional?

Como ya he explicado antes, la base de la educación emocional empieza en el momento que el bebé es engendrado y en cómo se ha sentido durante el embarazo.

Cuando nacen necesitan situaciones tan naturales como: ser cogidos en brazos, ser mirados, interaccionar con él, ser acariciados, disfrutar con él... sentirse querido, aceptado, respetado, cuidado, atendido cuando lo necesita.

Hacia los 2 años, gracias al desarrollo de la inteligencia, el niño adquiere la función simbólica y una mayor capacidad del lenguaje. En ese momento ya podemos hacer más hincapié en un trabajo más consciente para ayudarle a desarrollar su inteligencia emocional. Podemos empezar con la "Educación emocional".

 

¿Recursos?

Además de las situaciones del día a día para poner nombre a las emociones y ayudarle a tomar consciencia, anteriormente descritas, existen muchos materiales didácticos al alcance tanto de los profesionales como de las famílias.

Existen juegos específicos para reconocer y poner nombre a los sentimientos, como cuentos.

Los cuentos tienen la magia, además, de favorecer un vínculo emocional con los padres.

Son relatos que muestran aspectos típicos como el autoconocimiento, el autocontrol, la motivación y la empatía.

(Recordar que todo cuento puede servir para este tipo de trabajo, ya que cualquier historia que les "emocione" ya da pie a la educación emocional)

Para poner nombre a los sentimientos:

Hoy en día en el mercado hay infinidad de cuentos que ponen nombre a diferentes emociones. También hay otros específicos para hablar sobre: la rabia, los celos, el miedo, la tristeza, acompañar el duelo... Y son fáciles de encontrar.

Para trabajar el autocontrol:

Tener un pequeño espacio reservado en casa para que pueda ir a relajarse o a expresar sus emociones.

Puede ser un pequeño rincón con un cojín y una cajita o panera (cesto) con material para relajarse como: una pluma para soplar suavemente o pasarla por la piel, un peluche que le relaje, una bola para respirar y coger aire, una brocha de maquillaje suave para pasar por el cuerpo, una pelota de masaje, una "botella de la calma" para respirar y calmarse cuando toda la purpurina llegue abajo (botella de plástico transparente, llena de agua y purpurina), canciones tranquilas para poder escuchar, etc.

Libros de Mindfulness para niños/as para ser conscientes de nosotros mismos y vivir el momento presente.

También es muy enriquecedor el masaje infantil, para tomar consciencia del propio cuerpo y ayudar a relajarlo, así como la magia que acompaña al momento creando el vínculo afectivo- emocional tan importante.

El crecimiento emocional nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida, a lo largo de las experiencias "que se nos vayan presentando", pero una gran base para tener un adulto "sano" a nivel emocional empieza en la edad más temprana, en la infancia.

Ayudémosles a que tengan una buena base afectivo- emocional, a que se conozcan a sí mismos, a que reconozcan sus propias emociones y las puedan expresar, compartir, pedir ayuda si la necesitan y, además, darles herramientas para que las puedan gestionar. Hablemos con nuestros hijos, con nuestros alumnos, con los niños y niñas en general y dejemos que se expresen tal y como son.

Démosles la oportunidad de vivir con sus emociones, de sentirlas, de expresarlas, de ponerles nombre y de, poco a poco, aprender a gestionarlas. Y no olvidemos que los adultos somos sus modelos, aprenderán aquello que observen...no lo que les digamos.

 

Eva Mª García Vargas. Maestra de Ed. Infantil