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7 de Mayo de 2015

La estimulación precoz (II)

La pediatra austríaca Emmi Pikler (1902-1984) dio en el mundo de la educación una visión diferente del niño, como ser activo, competente y capaz de tener iniciativas. Hablaba de la motricidad global. En el Instituto Loczy (Hungría), donde trabajó, todavía se realizan investigaciones sobre el desarrollo motor de los niños. En Barcelona existe un grupo de trabajo en la asociación Rosa Sensat. Se puede encontrar más información en su libro “Moverse en libertad: desarrollo de la motricidad global” Ed. Narcea 2000.

La estimulación precoz (II)

Emili Pikler decía que no se tiene que forzar al niño a realizar posturas a las que todavía no ha llegado por si mismo (sentarlo, ponerlo de pie...). Añadía que los movimientos se construyen a partir de otras posturas de transición y movimientos, y si no los dejamos desplegar de manera natural, los cortamos (por eso muchos niños no se voltean solos, no gatean, caen cuando se sientan, no andan solos...dependen del adulto para que los pongan).No les hemos dado su momento ni su espacio adecuado con estímulos y muebles o barandillas a su alcance para que se puedan apoyar por ellos mismos, para sentarse, para levantarse y desplazarse por sí mismos con la mirada atenta, llena de afecto y admiración, respetuosa y alentadora del adulto. No quiere decir que se tiene que dejar al niño solo en todo momento y ya está. Como es natural, llorará al encontrarse solo ante una dificultad, el adulto lo tiene que acompañar y animar en la búsqueda de su autonomía.

El niño necesita un espacio amplio en el que se pueda mover libremente. En tierra, en una alfombra o una mant,a en un lugar fijo en casa, y otras superficies de quitar y poner según las necesidades, también encima del césped, la arena de la playa...con objetos que le llamen la atención para ir desplegando su desarrollo motor a su ritmo (sus movimientos).

Poner ropa cómoda e intentar evitar gandulas, alfombras pequeñas con objetos sólo colgantes, parques cerrados, alfombras con laterales hinchables... que impiden el movimiento del niño y, en consecuencia, su desarrollo.

Los objetos pueden ser diversos, como más texturas y diferentes materiales más enriquecedores: madera, ropa, metal, naturales (conchas, piedras, piñas, palos, etc.), cintas y materiales/ juguetes con las que el niño pueda descubrir por él mismo (a menudo abusamos sólo de los juguetes de plástico y de aquellas que juegan solas pulsando un botón). Si observamos al niño entre mil juguetes, acaba jugando con las etiquetas de éstos, u observando las letras de nuestra ropa, las cremalleras, botones o cogiendo un vaso, una cuchara de la cocina, cogiendo nuestro collar, gafas...

La maestra y diplomada en Psiquiatría social Eleanor Goldschmied, que conecta mucho con los principios de Emmi Pikler, nos habla de “Panera de los Tesoros”. Consiste en una panera de unos 50-60 cms de anchura y 8 de altura aproximadamente, llena de objetos de la vida cotidiana, teniendo en cuenta diferentes familias: ropa, metal, madera, plástico y otros, que no sean peligrosos para ellos. De este modo los niños descubren por ellos mismos: calidades físicas de los objetos, su temperatura, muestran preferencias por ciertos objetos y hacen de pequeños científicos realizando ensayo- error. Se ofrece cuando el pequeño es capaz de sentarse él mismo.

Para favorecer el desarrollo motor, los objetos pueden estar dispuestos por el espacio para que investigue y provoquen una acción (fijar la mirada, levantar la cabeza, cercar, desplazarse, coger objetos...) y algunos, de vez en cuando, también colgados de una cuerda para favorecer la coordinación óculo- manual (coger objetos colgantes en movimiento).

No hacen falta muchos objetos para no dispersar y cansar al niño. Se pueden ir variando de vez en cuando para que le llamen la atención. También es importante que sean seguros para coger y llevar a la boca, y según la forma, pueden ser para coger con una mano, con las dos, con la punta de los dedos (la pinza), cuántas más posibilidades mejor.

Podemos invitar al niño a realizar algún movimiento específico llamando su atención con nuestro cuerpo (manos, dedos, voz) o con algún objeto: fijar la mirada, girar la cabeza de un lado al otro, levantar la cabeza, provocar patadas ofreciendo objetos a los pies, etc.

Y no olvidar que nosotros mismos también los podemos estimular con nuestros juegos, nuestra mirada y expresiones, nuestras caricias, nuestras cosquillas, nuestra voz, nuestras canciones, hablándole mucho de aquello que hacemos, yendo a la calle, al supermercado, en la montaña, en la playa, realizando actividades con otras familias, en contacto con otros niños y niñas... En fin, con la naturalidad de la vida y del día a día sin tener que angustiar al niño con continúas actividades, se trata de facilitarle los espacios y los recursos para que se vaya desarrollando de manera autónoma con una buena base afectivo- emocional.

 

Eva Mª García Vargas
Maestra de Educación Infantil